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La oportunidad de una geopolítica al servicio del ser humano
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¿Vivimos una crisis de representación? ¿Cómo ha cambiado la tecnología y la digitalización la forma de concebir la verdad o de hacer política? ¿Hay intereses detrás de la desinformación? ¿Está la democracia en crisis? ¿Cómo impulsar su renovación cultural, moral y espiritual? Personalidades de primer nivel, como la filósofa Victoria Camps; el presidente de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas Benigno Pendás; el nuncio apostólico en España, Mons. Piero Pioppo; el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares; el ex ministro José Manuel García Margallo; los periodistas David Jiménez e Ignacio Camacho; los profesores Federico Aznar, Belén Becerril, Alberto Priego, José María Lasalle, Paloma Durán Lalaguna, Fernando Vidal y Gustavo Béliz, entre otros, reflexionaron a lo largo de tres días sobre el futuro de las democracias, sus amenazas y las oportunidades de regeneración en un curso organizado por la CEE, la Fundación Pablo VI y la UPSA.
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Ceuta, una frontera que nos interpela
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Lo que ha pasado en Ceuta no es un asunto aislado o puntual; por el contrario, es otro síntoma más de nuestras políticas migratorias enfermas. Detrás de esta irrupción en la frontera, existen diferentes intereses, que nos llevan a pensar que esto no es una “crisis migratoria”. En muchas ocasiones, la migración suele ser utilizada para fines coercitivos. Esta cuestión es también una estrategia fruto de la externalización de las fronteras, y que en el caso de la UE se pone en práctica con Marruecos trasladando al país africano parte del control migratorio y delegando en sus autoridades la tarea de vigilar, frenar y gestionar los flujos migratorios antes de que lleguen a territorio europeo. La respuesta cristiana no es ni debe ser ingenua, tampoco debe ser ciega ante la complejidad del fenómeno migratorio ni las políticas migratorias. Por el contrario, debe exigir que sean humanas, serias, ordenadas y solidarias. Eso sí, recordando siempre que ninguna de ellas puede olvidar que el criterio último para juzgar cualquier política migratoria no es la seguridad de unos pocos, sino la dignidad de todos.
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